Cuando anduve

septiembre 25, 2009

Hace poco más de un año, cuando andaba errante, desvariando en la vida,  acostándome tarde, pocas veces solo, nunca bien acompañado. Cuando mi vida era una permanente locura, descontrol y exceso descubrí que también cuando uno vive al límite sólo puede ser efímeramente feliz.

¿Lo fui? No lo creo, ni un momento. La pasé bien, me divertí, me acompañé, ¿pero qué me dejo esto? Lo supe una noche, en una cama, en un hotel…

Me desperté de pronto, no me daba cuenta donde estaba, ni con quien, miré a mi alrededor y descubrí que  un cuerpo desnudo me acompañaba, sus cabellos largos se confundían con la almohada, y la piel que cubría sus pechos se movía al compás de su descansada respiración, pero yo sentía una gran inquietud, me sentía vacío, sentía que mi vida se iba de largo hacia la nada.  Fue la sensación más extraña y a la vez oscura de mi vida, sentirme muy solo, cuando estaba acompañado.

Siempre es importante hacer una pausa, para rememorar las épocas duras de tu vida, para saber que tuviste momentos malos, recordar cómo los manejaste, y sobre todo valorar lo que tienes ahora. Si lo tienes. Sino, sigue durmiendo así y despertando como esa noche.

Es primavera y sigue gris y frío, por eso este post.

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Ya llegas, maldito!

marzo 23, 2009

¿Nunca les ha pasado que algún día de invierno limeño no quieren levantarse de la cama? Pero no por la maldita flojera de cada mañanas, sino porque están demasiado presionados, hundidos en el abismo de la depresión, arremolinados en los últimos calores del sueño, sin ganas de hacer, decir, ni hablar nada con nadie. Las cifras de suicidios en esta ciudad aumentan, en invierno, y sólo hasta hace unos años hallé la causa: ¡El cielo de Lima! ¡Es insoportable!

Puede o no gustarte el sol, los cielos despejados, azules, el calor, el verano, en fin! Pero vas a estar de acuerdo conmigo en que el ¡cielo de Lima no tiene remedio! Panza de rata, gris, plomizo, frío, oscuro, sin brillo, nublado, garuoso, hasta el culo. Lo miro todas las mañanas desde la ventana de mi cuarto y no soporto mi vida.

Lo tengo encima de mí a toda hora, saliendo de casa, entrando a clases, saliendo de ella, caminando por las calles húmedas y resbalosas, con mi casaca térmica, bufanda y gorrito de lana, pero cagándome de frío y maldiciendo a Dios por darnos ese cielo tan inútil, triste y deprimente.

Sólo a veces lo enfrento, cuando subo al techo de casa, me echo y desafiante lo miro, lo miro fijamente, tratando de sacarle una respuesta, que me diga porque es así, y porque poetas y escritores durante los últimos 120 años lo maldicen, y hasta me da pena, porque imagino que a él le hubiese gustado ser más limpio, menos gris, transparente o azul, como en cualquier ciudad de más de 200 km al este. La pena se me pasa rápido y vuelve la rabia, por destruir cada día de la estación.

Sólo de noche llega la calma, pues el cielo no se ve, y como casi nunca se distinguen estrellas ni mucho menos la luna, ya no tengo esa masa incorpórea pero muy pesada aplastándome y recordándome, cada minuto, durante 12 horas que es invierno, que hace frío, y que estoy deprimido, y que estoy solo (aunque haya novia) en esta ciudad de mierda.

Escribo…

marzo 23, 2009

Aquí escribiré lo que en mi otro blog no podría. Gracias a una poco aprovechada campaña que lanzamos con otros bloggers el año pasado, mi otro blog ha sido categorizado como político, cosa errónea, ya que desde hace 3 años lo escribía sólamente para pasar el rato, para decir cosas a las que les quería otorgar cierta notoriedad o para gritar las cosas que gracias a la política tenía atoradas en la garganta (y en los dedos).

Otorgarle una dimensión personal (no necesariamente íntima) al otro blog sería inadecuado y hasta risible, por ello (y muchas cosas más) es que existe este espacio.

Espero no desesperar.