Ya llegas, maldito!
marzo 23, 2009

¿Nunca les ha pasado que algún día de invierno limeño no quieren levantarse de la cama? Pero no por la maldita flojera de cada mañanas, sino porque están demasiado presionados, hundidos en el abismo de la depresión, arremolinados en los últimos calores del sueño, sin ganas de hacer, decir, ni hablar nada con nadie. Las cifras de suicidios en esta ciudad aumentan, en invierno, y sólo hasta hace unos años hallé la causa: ¡El cielo de Lima! ¡Es insoportable!
Puede o no gustarte el sol, los cielos despejados, azules, el calor, el verano, en fin! Pero vas a estar de acuerdo conmigo en que el ¡cielo de Lima no tiene remedio! Panza de rata, gris, plomizo, frío, oscuro, sin brillo, nublado, garuoso, hasta el culo. Lo miro todas las mañanas desde la ventana de mi cuarto y no soporto mi vida.
Lo tengo encima de mí a toda hora, saliendo de casa, entrando a clases, saliendo de ella, caminando por las calles húmedas y resbalosas, con mi casaca térmica, bufanda y gorrito de lana, pero cagándome de frío y maldiciendo a Dios por darnos ese cielo tan inútil, triste y deprimente.
Sólo a veces lo enfrento, cuando subo al techo de casa, me echo y desafiante lo miro, lo miro fijamente, tratando de sacarle una respuesta, que me diga porque es así, y porque poetas y escritores durante los últimos 120 años lo maldicen, y hasta me da pena, porque imagino que a él le hubiese gustado ser más limpio, menos gris, transparente o azul, como en cualquier ciudad de más de 200 km al este. La pena se me pasa rápido y vuelve la rabia, por destruir cada día de la estación.
Sólo de noche llega la calma, pues el cielo no se ve, y como casi nunca se distinguen estrellas ni mucho menos la luna, ya no tengo esa masa incorpórea pero muy pesada aplastándome y recordándome, cada minuto, durante 12 horas que es invierno, que hace frío, y que estoy deprimido, y que estoy solo (aunque haya novia) en esta ciudad de mierda.
marzo 25, 2009 at 5:06 pm
Mmm.. el cielo de Lima es monse, de acuerdo. Es feo, de acuerdo. Pero, como en una feliz y rutinaria vida de pareja, tiene la ventaja de no salir con ninguna sorpresa. Escribo esto justo ahora que estoy por salir a helarme el culo bajo este cielo suizo y ajeno.